La muerte del cisne

Les comparto un fragmento del poema “La muerte del cisne”, incluida en el poemario Selva Virgen (1898) del peruano José Santos Chocano, quien fue un representante descollante del Modernismo en América.

En el poema, un joven poeta agonizante tiene un ensueño, en el que observa entre agonías febriles a tres mujeres simbólicas: Ofelia, la desdichada amante de Hamlet, Parisina y Carmen, la gitana cigarrera. Esta situación, en realidad, es un pretexto para la visión de tres caracteres y diversos temas. Ellas, le hablan así: (Las ilustraciones son del pintor Alfons Mucha).

– Yo soy el arte bello del impasible esteta

que busca los rincones del alma del poeta,

para dejar en ellos el numen laudativo

que canta dentro del mármol el ideal cautivo;

bajo la forma eterna que en símbolo de roca

pone elocuente dedo sobre la muda boca.

Yo soy el sueño humeante, que en espirales sube

Y piérdese en los limbos de la voltaria nube

con las filosofías de la caduca escuela

que busca los misterios, y vuela, vuela, vuela,

como si fuera un soplo de la verdad divina

resucitando gloria en la pagana ruina.

Y corro por los campos en busca de las flores,

porque parecen bocas que dan besos de amores;

y como yo amo el beso, porque es blanca pureza,

amo también las flores que da naturaleza:

Las flores son mi símbolo; y mi Arte de ellas toma

el siempre erecto tallo y el siempre casto aroma;

y así sobre la tierra se yergue mi Arte bello,

que lo perfuma todo sin reparar en ello.

La carne es fango, y mi Arte no es de carnales galas,

sino de florilegios en las campestres salas,

donde susurran fuentes, donde aletean brisas,

donde las flores cambian suspiros y sonrisas …

Ya ves: mi amor no quiere caricia de lujuria,

que es cólera y delirio, que es expresión y furia;

mi amor apenas pide caricia voluptuosa,

que es emparrado y céspede, que es arroyelo y roca.

Si me amas, al oído te inspiraré los cantos

de eurítmicos compases, y místicos encantos;

y si de amarme dejas, perdiéndome en la bruma,

desde la roca altiva me arrojaré a la espuma,

como la virgen loca de la hamletiana corte …

– ¿Cuál es tu nombre? – Ofelia, la idealidad del Norte!  

– Yo soy el alma joven de las verbenas locas,

que pone los claveles sangrientos en las bocas,

y canta el sonoroso y olímpico epigrama

del vino y del abrazo, del beso y de la llama.

Yo soy la que surgiendo como la peña sola

entre los histerismos de la danza ola,

me yergo entre los bailes en pedestal de flores,

y trenzo las peleas, y anudo los amores …

Yo soy la de la falda suspensa a la rodilla;

zapato de listones, bajo plateada hebilla;

montera sobre el moño cuajado de claveles;

chaqueta de torero, bordada de oropeles;

y manos enclavadas a firme en la cintura,

con el altivo dengue de mi gentil figura…

Yo soy la que en la plaza de requemada arena,

aplaudo la bravura y aplaudo la faena:

y guardo mientras ello del matador la capa:

Él escapó del toro, pero de mí no escapa.

Ya ves, hay en mis labios los besos más mortales,

que tienen aguijones ocultos en panales.

Si así quieres quererme, yo te querré en la vida

cual nunca te quisieron: ¡yo soy para querida!

Pero ¡ay de ti! si intentas burlarte de mi empeño;

y vas cual mariposa de un sueño en otro sueño,

de un amorío en otro, y así en constante huída,

y así en alegre vuelo, ¡yo soy para temida!

No esperes que tus vanas caricias me desarmen:

Yo soy la mujer fuerte …. – ¿Cómo te llamas? – ¡Carmen!

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