Cartas de una peruana de madame de graffigny

La obra Civilizaciones del escritor francés Laurent de Binet (quien nos visitó en la FIL Lima el año 2015) está siendo últimamente promocionada a raíz de su primera traducción al español este año. Nos promete una historia distópica donde podremos ver cómo habría sido la historia si los incas hubieran conquistado Europa.

Desde luego, no es la primera vez que un escritor francés aborda el tema del Perú e incluso de los incas, en el año 1747 una francesa estrenó una novela epistolar sobre una princesa inca.

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Madame de Graffigny fue un personaje muy importante en su época y su libro, un éxito total de ventas con 30 ediciones en tan sólo 30 años desde su aparición. También escribió unos sainetes morales que fueron enviados a la corte de Austria y sin duda fueron leídos por la futura reina María Antonieta.

“Cartas de una peruana” es una novela epistolar que consta de una advertencia, una introducción histórica y finalmente el cuerpo de la obra que vendría a ser las cartas de Zilia a su prometido.

Es muy seguro que la escritora francesa leyó la obra del Inca Garcilazo de la Vega para poder conocer las costumbres de los incas y en base a ello construir una novela epistolar entre dos amantes peruanos. Para ello, en su introducción histórica cuenta algunas cosas básicas de la cultura peruana, en su mayoría muy correctas e induce al lector francés de la época a interesarse por esta cultura de la cual Francia ha podido beneficiarse de alguna manera económicamente. Desde luego, impregna cierta aparente compasión por la situación de los peruanos y la expropiación y abusos que sufrieron de parte de los españoles:

Un pueblo entero, sometido y pidiendo gracia, fue pasado por el filo de la espada. Todos los derechos de la humanidad violados dejaron a los españoles dueños absolutos de los tesoros de una de las más bellas partes del mundo.”

Ya en las cartas fundamentalmente son de Zilia, una virgen del Sol, que vendría a ser como una sacerdotisa peruana, quien, estando comprometida con Aza, hijo ficticio del último inca, es raptada, saqueado su templo por los españoles y llevada cautiva. Zilia cuenta en sus cartas primeras lo que significó los robos y asesinatos de los conquistadores:

Los pavimentos del templo ensangrentados, la imagen del Sol pisada, soldados furiosos persiguiendo a nuestras Vírgenes apasionadas y masacrando todo lo que se oponía a su paso.”

Posteriormente, el barco español donde iba es capturado por uno francés y conoce al caballero de Déterville quien la llevará cautiva pero se prendará de la pureza de la princesa peruana. Y a partir de allí empieza una larga descripción de parte de Zilia de todo lo que le va aconteciendo. Desde luego al ponerse la escritora en la piel de una cautiva peruana tuvo que formular e imaginar diversas situaciones que resultan muy atractivas y divertidas. La pureza y el desconocimiento casi total del mundo civilizado europeo hará que su inocencia sea bien descrita a través de sus cartas dirigidas siempre a su amado Aza al cual anhela poder ver pronto.

Lettres

Claro que hay muchos errores en creencias y costumbres peruanas y en la manera de expresarse de Zilia, es difícil pensar que algún peruano de aquella época pueda tener pensamientos tan complejos o manera de expresarse tan depurada. Pero la autora quiso, aparte de crear una interesante ficción, poder criticar la sociedad de su época. Cuando Zilia habla de las malas costumbres de los franceses, su afectación y su errada educación desde luego es la misma autora quizás un poco apocada cuando llegó ella misma a París:

Algunos tienen el aire pensativo; pero en general supongo a esta nación no ser lo que parece; la afectación me parece su carácter dominante.”

Y esta crítica social es bastante depurada, no sólo habla de los aristócratas o de la vanidad parisina, también de la situación de la mujer, de los conventos y las injusticias de la que es parte. Es una obra por supuesto que se adelanta a su época siendo éste un objetivo principal de la autora.

Damos y recibimos un tributo de alabanzas recíprocas sobre la belleza del rostro y del talle, sobre la excelencia del gusto y de la elección de las joyas, y nunca sobre las cualidades del alma.”

El amor que siente Zilia es bastante puro y sus sentimientos honestos y fieles. Las cartas están impregnadas del sentimiento de virtud de la época y eso se puede ver a lo largo de toda la obra.

Cuando un solo objeto reúne todos nuestros pensamientos, los acontecimientos sólo nos interesan por las conexiones que encontramos con él.”

Para el lector moderno puede resultar algo aburrido leer esta novela por la moral predominante de la época y por el estilo epistolar en el cual se repiten patrones y los sentimientos de manera sistemática, pero no deja de ser un testimonio importante de su época y una visión europea del Perú incaico.

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