Black Sabbath: a medio siglo del álbum que lo cambió todo

A pesar de las aclamaciones de algunos seguidores de Led Zeppelin o Deep Purple, el verdadero nacimiento de lo que hoy podemos entender como heavy metal se dio en Birmingham (Inglaterra) en 1970, hace ya medio siglo. Aquel año fue testigo del debut homónimo de los británicos Black Sabbath, quienes se atrevieron a configurar no solo el sonido característico sino también gran parte de la temática y estética que terminaría por definir el género. En un contexto marcado por la industrialización de las ciudades inglesas, la decadencia del movimiento hippie y una sociedad altamente conservadora, Black Sabbath marcó un antes y un después en la historia de la música.

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Como es bien sabido, años antes de formar Black Sabbath, el guitarrista Tony Iommi sufrió un accidente dentro de la fábrica en la que trabajaba, perdiendo las puntas de dos dedos de su mano derecha. El músico pensó que esto sería el fin para su carrera musical, pero al enterarse de la historia de Django Reinhardt, un guitarrista de jazz que solo usaba dos dedos, se construyó unas prótesis artesanales para seguir tocando con una tonalidad más baja en la afinación de la guitarra. Y así, sin buscarlo, el sonido de Black Sabbath concibió ese estilo oscuro y lúgubre tan característico.

El álbum en cuestión nos da la bienvenida con un ambiente casi de ultratumba: una noche de lluvia, truenos, campanas fúnebres y un riff pesado. Inicia Black Sabbath con la voz tétrica de un Ozzy Osbourne clamando por ayuda y preguntando por aquella figura vestida de negro que lo persigue.

What is this that stands before me? / Figure in black which points at me / Turn around quick and start to run / Find out I’m the chosen one.”

Y me atrevo a citar aquel primer extracto de la canción, pues realmente muy pocos artistas han podido sentar un precedente tan imponente (en sus respectivos géneros) con tan solo los primeros minutos de su álbum debut. El tritono de Iommi, la ambientación oscura y las letras vinculadas a lo desconocido y diabólico han sido, indudablemente, la influencia base para el posterior desarrollo del metal.

La segunda canción, The Wizard, destaca por su cuota de experimentación. La armónica de Ozzy debe tomarse como un elemento propio del blues psicodélico con el que Black Sabbath también buscaba ensayar por aquellos años. Además, el riff preciso y una letra con reminiscencias muy claras al Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien terminan enganchando fácilmente al oyente.

La tercera en la lista, Behind the Wall of Sleep, tampoco debe pasar desapercibida. Como dato curioso, fue el cuento homónimo de H. P. Lovecraft el responsable de esta canción. Pues, tras leer dicho texto, el bajista Geezer Butler se quedó dormido, concibiendo tanto la letra como el riff durante su sueño. La pista termina siendo el puente perfecto a una de las canciones más emblemáticas de la banda: N.I.B. En este track, Ozzy se pone en la piel de Lucifer y nos narra su historia de amor con una joven a la que busca enamorar, prometiéndole hasta lo imposible. Una historia que, con justa razón, los terminó vinculando (aun más) con la imagen de “satánicos” pero que, con el paso de los años, terminó por convertirse en un clásico de su discografía.

De izquierda a derecha: Bill Ward, Tony Iommi, Ozzy Osbourne y Geezer Butler. Fotografía: Chris Walter.

Cabe advertir que después de N.I.B. se sucede la primera adaptación del álbum: Evil Woman, una cover de Crow, a la cual los británicos le añadieron un aura más oscura, dándole un giro distinto a la canción original. Sleeping Village, por su parte, no suele ser muy resaltada al hablar del álbum, a pesar de contener elementos bastante interesantes como su estilo pausado, los riffs con fuerte influencia del blues y la voz emocionalmente cargada de Ozzy.

Por último, Warning, es el segundo cover del álbum, pero esta vez de Aynsley Dunbar Retaliation. Y, a diferencia de la primera versión, en esta, Black Sabbath termina por imponer su sello tan característico, llenándola con un sonido pesado y, hasta cierto punto, tétrico. Diez minutos de “heavy blues” cargados de la habilidad técnica de Iommi en la guitarra.

Siete canciones fueron suficiente para definir el rumbo de un género para siempre. Inclusive, a pesar de no ser el mejor disco de los británicos, este álbum guarda un espacio importante no solo en la historia del heavy metal sino también en el de la música en general. Aquí es donde todo se originó. Black Sabbath concibió y dio forma al heavy metal en 1970 y, a partir de entonces, el mundo de la música no volvió a ser el mismo.

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