“Atusparia” de Julio Ramón Ribeyro

El presidente Iglesias ya tiene bastantes problemas con el general Cáceres … Si encima le cae una revuelta de indios, el país se viene abajo… No, sargento, tenemos que cumplir con nuestro deber. Regresa al puente ahora, prepara bien a tu gente, dale ánimos, actúa con firmeza … ¡No sé en qué charco del diablo hemos caído! Es posible, sargento, que aquí dejemos nuestro pellejo …

Leí la obra de teatro Atusparia que se encuentra en el genial libro Teatro Completo del escritor Julio Ramón Ribeyro, editado por Jorge Coaguila para la editorial Revuelta Editores.

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Teatro Completo de Ribeyro. Editorial Revuelta Editores.

A mi juicio, es una mejor pieza que Santiago el pajarero (del mismo autor) que, sin embargo, es mucho más representada en general a nivel nacional y en el tiempo; el Teatro La Plaza, incluso, hizo una representación de esa obra, la cual estrenó en enero del 2018. Pero veamos de qué va la historia de Atusparia:

Desde luego está inspirada en el líder indigenista peruano Pedro Pablo Atusparia Ángeles, que nació el 29 de Junio de 1840 en Huaraz, Áncash y murió el 25 de Agosto de 1887. Conocido por haber liderado una revolución en la ciudad de Huaraz, a raíz del maltrato y tortura que sufrió por parte del prefecto de la ciudad tras haber presentado una queja  junto con algunos alcaldes. Dicha queja se debió al cobro excesivo de la Contribución personal indígena y las penurias económicas que pasaron luego de la desastrosa Guerra del Pacífico.

Como dice el propio Ribeyro en su prólogo, él pensó inicialmente en realizar una novela histórica, pero, debido a la falta de información suficiente y por lo complicado del proyecto, decidió crear una obra de teatro; lo que le permitía poder presentar las acciones en escenas y no necesariamente seguir un orden muy completo que requiera explicaciones a lo largo de toda la trama. El mencionado proyecto lo realizó en diciembre de 1979, en unos cuantos días, según lo refiere el propio autor.

En la obra se refleja el egoísmo centralista, en el cual se exige el dinero en provincias para subsanar la bancarrota luego de la Guerra contra Chile sin considerar las necesidades y las penurias de la propia gente. Y luego, cómo esta última, al tomar una postura de reclamo, es duramente castigada, en este caso por el alcalde la ciudad quien está, desde luego, coludido con las altas autoridades ante quienes debe prestar cuentas.

Tras este suceso, Atusparia dirigirá una revolución en la cual se pueden distinguir muchos “tipos” de esta clase de acontecimientos. Un líder radical que quiere ampliar el movimiento, como es el caso del disoluto “Uchcu” Pedro, cuyo nombre real fue Pedro Cochachín, un personaje temible y muy comprometido con la causa; desea el fin de muchas cosas y el ajusticiamiento de los blancos y gamonales. Tenemos, incluso, a personajes de la misma ciudad quienes siendo profesionales como el abogado Mosquera o el periodista Montestruqe se sienten atraídos por las justas causas del reclamo y por la magnanimidad y carisma de Atusparia. Esta revolución que acontece, contada por Ribeyro, es un pequeño Perú en el que vemos a indígenas compatibilizar con blancos y, unidos, aparentemente buscar un mismo objetivo: ¿y si el Imperio de los Incas renaciera en Huaraz? El pueblo se ve dividido pero, por otro lado, acompaña a Atusparia.

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Plaza de Armas de Huaraz

Lo interesante de esta obra, para mí, es que no sólo te muestra el lado de los rebeldes sino también la del gobierno. En este caso representado por el coronel Callirgos y sus hombres. Ellos están muy disminuidos en número (apenas unos cientos) contra los miles de rebeldes que amenazan acabarlos. Aislados y solos en Huaraz, tan lejos de Lima, y a la espera de refuerzos del gobierno de Iglesias temen por sus vidas y nos confiesan sus temores e indecisiones. Tienen el gran peso de hacer prevalecer la autoridad y saben que una caída de las fuerzas del orden supondrían un golpe duro para el presidente Iglesias.

¿Pero quién puede decir lo que es ganar y lo que es perder? ¿La victoria de ayer no contiene ya su derrota? ¿Y la derrota de hoy no es el comienzo de la victoria? ¡Todo esto es incomprensible y no seré yo quien lo resuelva!

La obra es una conjunción de acciones heroicas, desolación, reivindicación del campesino, oportunismos, realidad histórica; realmente extraordinaria. Las acciones están bien colocadas y narradas, los escenarios ideales, no hay exageración en los parlamentos y el argumento, preciso. Se muestra a Atusparia como un caudillo generoso, aguerrido, pero también por momentos dubitativo, perdiendo, de a pocos, algo de autoridad o iniciativa contra “Uchcu” Pedro, quien por momentos parece tener más apoyo de los demás indígenas. Esta relación entre ambos también es de lo más interesante. Atusparia no es un caudillo seguro de sí por completo y eso lo hace más humano, tampoco quiere prevalecer sobre los demás a toda costa o dar la apariencia que es el que manda. Por instantes reconoce sus errores, por otros se muestra sensible ante las atrocidades que toda revolución puede conllevar.

Espero que la reedición de sus obras sirva para por fin ver en el teatro peruano obras que valgan la pena. Ya alguna vez solicité a los teatros nacionales que sería excelente poder ver esta obra. Me animaré aquí, incluso, a proponer al actor Pietro Sibille en el papel de Atusparia y a Andrés Silva como “Uchcu” Pedro. Total, soñar no cuesta nada.

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