Este mundo es cruel, pero también es hermoso: Shingeki, la Ciencia Política y el Perú

Por Danagawa

La temporada 4 de Shingeki No Kyojin ha logrado obtener una crítica extraordinaria entre los fanáticos, emulando a grandes producciones como Full Metal Alchemist: Brotherhood. Asimismo, los estrenos del manga suelen ser vistos y comentados por una gran audiencia en América Latina, que hizo suyo este anime. Resulta conmovedor cómo una serie aparentemente lejana, ha provocado tantas risas, tristezas y memes por parte de los espectadores de esta orilla del océano. Si Shingeki aparentemente es un mundo ficticio, post-apocalíptico, una afiebrada fantasía diseñada para hacernos olvidar un momento nuestra realidad, ¿por qué sentimos esta historia tan cercana? A su vez, la ciencia ficción es un campo estimulante, pues la ficción recurre muchas veces a la realidad. En ese sentido, las realidades imaginadas pueden servir para explicar conceptos que también se reflejan en la realidad, como indican los politólogos Gabriela Camacho y Farid Kahhat, en una reciente entrevista en El Comercio.


El mundo detrás de las murallas parece representar un universo claramente hobbesiano. Las personas viven en amenaza permanente, ya sea por los titanes, gigantes antropófagos, como por otros humanos. Basta recordar la infancia de Mikasa Ackermann, pues sus padres fueron asesinados por traficantes de personas. Y dicho mundo hobbesiano se acrecentó con la llegada del Titán Colosal, el cual provocó la destrucción del Muro María y la entrada de los titanes, que se entregaron a una carnicería demencial. Este parece ser el estado de naturaleza en Shingeki: el miedo a la aniquilación.

Posteriormente, se pudo conocer que los titanes en realidad son humanos transformados; siempre fueron humanos al fin y al cabo, víctimas del castigo marleyano. La figura de la víctima-victimario. Y, para enfrentar esta amenaza, se instala un Estado. La monarquía de los muros instituye un pacto: ceder derechos naturales para obtener seguridad y estabilidad. En resumidas cuentas, el Estado dispone de las murallas, controla las puertas de acceso, organiza la agricultura, entrena nuevas tropas y educa a la población.

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Visto de esa manera, el Estado en Shingeki recuerda a las monarquías europeas de la Edad Moderna, pues es un poder absoluto, no hay instancias democráticas, existe una fuerte jerarquización social y las actividades económicas son controladas. Luego, nos enteramos que el Estado era manejado por una camarilla de nobles, clérigos y militares, que habían instalado a un rey falso, pues los Reiss no deseaban asumir el poder directamente. En ese sentido, podemos notar que el gobierno de los muros descansa sobre la tradición, que implica una fusión entre lo político -los Reiss-, y lo religioso, Dios. Ymir Fritz es similar a un regalo de Dios, un cordero, enviada para el disfrute del pueblo eldiano, el elegido. Según Hannah Arendt, los romanos consideraban como un mandato sagrado preservar las tradiciones del pasado, para asegurar la continuidad de la civitas, la acción política. Bajo esa idea, la autoridad se volvió indivisible de lo sagrado, y esta lógica se adaptó al cristianismo. De allí que podamos pensar que el Estado en Shingeki se ha fusionado con lo sagrado, y que no puede funcionar sin ese elemento.

Asimismo, podemos notar un elemento de legitimidad más allá de lo religioso. Durante el golpe militar, Erwin Smith dejó en aprietos a la camarilla dirigente, que estaba dispuesta a dejar morir a la mitad de la humanidad, todo con el objetivo de preservar el poder. Asimismo, el Comandante argumentó que la élite incumplió puntos fundamentales de la Ley de la Humanidad, en específico, la cláusula 6, además de que instalar una autoridad falsa es castigada con la muerte dentro de los códigos jurídicos de Paradis. Esta incapacidad de cumplir el pacto hobbesiano, de otorgar protección, rompió por completo su legitimidad ante los ojos del ejército, que los depusieron. Sin embargo, estuvieron de acuerdo en instalar a Historia Reiss como reina, pues comprendieron la importancia de la civitas para la sociedad de los muros. Finalmente, los comerciantes, antes de la caída de Shiganshina, ostentaban un poder considerable, pero con la entrada de los titanes, la caída del rey falso y el ascenso de los yaegeristas, el poder empresarial pasó a un plano menor.

Además, las expectativas sociales en Paradis son sumamente bajas: la población común tiene pocas oportunidades para elevarse. Esto lo notamos particularmente con Eren Yaeger, pues este personaje soñaba con entrar al Ejército, visto como una de las pocas formas de ascenso social. Multitud de jóvenes eldianos tenían esa aspiración, pero muchos fallaban y debían volver para los campos agrícolas, debido a la brutalidad del entrenamiento. Las infancias eldianas se caracterizan por su precariedad, tanto dentro como fuera de las Murallas. Eren y Mikasa, por su lado, tuvieron que trabajar acarreando madera para apoyar a su familia burguesa, y traumatizados con la muerte brutal de su madre. Armin, una víctima de bullying y fue criado por su abuelo, debido a la temprana muerte de sus padres, empeñados en salir de la prisión de los muros.

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Ymir, una niña vagabunda que fue recogida por los cultos clandestinos en Liberio, con un destino cruel. Sasha, de joven observando la decadencia del negocio familiar. Annie, Reiner y Bertholdt, sometidos a un durísimo entrenamiento para adquirir un poder titánico desde la niñez, viendo como una única forma de ascenso social y de reconocimiento. Y como púberes, encargados con una misión peligrosa de infiltración. Gabi y Falco repitieron este patrón en su momento.

Zeke Yaeger, por su parte, además de la brutalidad del entrenamiento normal para Guerrero, no se sentía valorado por sus padres y sus deseos no eran tomados en cuenta. Solo era una herramienta para las ambiciones políticas de sus padres. Ante su fracaso en optar por el poder titánico y por la gravedad de las acusaciones sobre Grisha y Dina, denunció a sus padres y en razón de ello, fueron violentados. Levi, abandonado por su padre y criado en la precariedad en la ciudad subterránea, con un delincuente como figura paterna. Erwin se atormentaba con la idea que por su entera culpa, su padre fue ejecutado por la Policía Militar. En ese sentido, los personajes de Shingeki son niños torturados y con un apego cortado por la violencia.

Marley, por el contrario, nos trae reminiscencias del Tercer Reich, por la sofisticación y crueldad de sus instituciones. Los eldianos dejados atrás son colocados en guetos y proveen guerreros para el ejército de sus captores. Algunos desarrollan auténtica devoción por Marley, como fue Reiner en su momento y Gabi; mientras que otros son indiferentes a la propaganda, como Annie. Sus relaciones exteriores son fundamentalmente la guerra, por lo que podemos entrever que el sistema internacional en Shingeki es hobbesiano, y por lo tanto, profundamente materialista y basado en la fuerza.

Las fuerzas unidas de Medio Oriente, ansiosas por instaurar un balance de poder favorable, debido al debilitamiento de Marley producto de su fiasco en Paradis, les declararon la guerra, pero fueron derrotadas por los guerreros. A partir de ahí, viendo que la tecnología ya es superior a los poderes titánicos, Marley opta por una salida diplomática, observando que su ventaja sobre otros Estados mengua. Es decir, una manera de proceder que haría sonrojar a Maquiavelo y a Morgenthau. Los Tybur parecen un ejemplo de institución internacional exitosa, pues tienen un fuerte poder de convocatoria diplomática, pues el día del Festival de Liberio, numerosas delegaciones de embajadores fueron enviadas (a morir). Finalmente, toda la humanidad se unió contra un enemigo común, pues la amenaza de la extinción bajo el poder del retumbar de la tierra era peligrosa para la supervivencia de los Estados.

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Sin embargo, tras la victoria aplastante de Eldia sobre Marley, la diplomacia se mostró insuficiente como una herramienta para la supervivencia de los habitantes de la isla. La campaña de Hizuru para lograr una negociación cayó en el fracaso y su reputación se vio afectada. Asimismo, un Eren que recibió las memorias de la familia Tybur no mostraba interés por esta vía. Por su lado, Eldia contaba con menos incentivos para cooperar. Y el alto mando militar sospechaba de los Voluntarios, la facción liderada por Zeke Yaeger, a pesar que este grupo jugó un rol importante en la modernización económica de la isla. La hipótesis de diversos personajes, sea Hange o Armin, era que Zeke controlaba a Eren de alguna forma, y que el uso de la Coordenada sería bajo sus términos. El encuentro entre Eren y Yelena, así como el uso de vino contaminado con el líquido espinal de Zeke, como una forma muy oscura de diplomacia gastronómica, terminó por echar por tierra esta cooperación.

A su vez, la facción yaegerista dio un golpe de Estado, tal como el Ejército derrocó a la antigua nobleza. Los yaegeristas gozaron de un amplio apoyo popular, que lograron movilizar en manifestaciones contra el encarcelamiento de Eren, por lo que podemos ver una politización de lo judicial. Y, en un giro pragmático, Pixies entendió que era inviable luchar contra estos golpistas, pues carecían de los recursos necesarios y la amenaza de los ejércitos de la alianza internacional era lo principal. Su jugada fue tratar de impedir el encuentro entre Eren y Zeke, pues ello implicaba que los yaegeristas y los Voluntarios tendrían el poder absoluto en los Muros, apartando a la Monarquía.


En relación a cuestiones de género, parece que los estereotipos entre hombres y mujeres parecen reducidos a la mínima expresión. Hay mujeres soldado y no hay comentarios de extrañeza con respecto a ellas. Al mismo tiempo que Mikasa y Annie exhiben notables habilidades de combate, tenemos mujeres que se encuentran en la esfera doméstica, como Carla Yaeger y la señora Kirchstein, la mamá de Jean. En ese sentido, parece que hay una dicotomía entre la mujer soldado y la mujer madre.

En Lost Girls también se nos hace mención a las mujeres burguesas, con el ejemplo de la química Carly Stratmann, que también ejercía en las economías ilegales. Asimismo, la mujer soldado usa pantalón, mientras que las mujeres del común en las Murallas usan faldas largas. Sin embargo, vemos a Sasha con unas faldas largas en momentos de distensión, como una cena, por lo que podemos pensar en que esa ropa corresponde a una vida más en sociedad. Las mujeres de sectores populares en los muros tienen variedad de oficios: campesinas, cazadoras, taberneras, prostitutas o madres. En relación a las marleyanas, no se pudo notar una presencia importante dentro de su ejército. En relación a la temática LGTBIQ+, lo que viene a la mente son los pedidos de matrimonio de Ymir hacía Historia, siendo un romance trunco por las circunstancias que les tocó vivir.

Dichos romances truncos son elementos recurrentes: Eren y Mikasa, Annie y Bertholdt, Ymir e Historia, Falco y Gabi, Niccolo y Sasha. Los sentimientos no llegan a ser verbalizados, y en una cultura como la occidental, en la cual el habla es sobreestimada, pues el amor no se concreta. Esta incomunicación de los amantes tiene un vago halo de teatro shakesperiano, pues los amantes no llegan a gozar del amor y se desenvuelven en una tragedia. ¿Cómo es el amor en Shingeki? ¿Es el amor romántico? El amor romántico es una construcción que implica que el vínculo sea eterno, monogámico, exclusivo,  basado en el cuidado y el compromiso, y en el cual abunda la pasión sexual.

Sin embargo, los personajes en esta obra son un ejército de solteros. Las parejas estables aparecen brevemente y usualmente sufren un fin brutal, como los papás de Eren y Mikasa. Erwin Smith declaró que no quiere vincularse afectivamente con nadie pues teme morir y abandonar a la pareja. Levi también tiene un razonamiento similar, ya que su estilo de vida es incompatible con la estructura del amor. Esto supone un alto nivel de responsabilidad afectiva, considerando el entorno violento en el cual viven. Podemos argumentar que el amor romántico como estructura social es inviable en Shingeki. Las instituciones no pueden prevenir la muerte violenta de los personajes a manos de titanes, lo que dificulta que el vínculo afectivo sea eterno. Por su parte, estas mismas instituciones también perpetúan la violencia, como la Policía Militar o el control interno de Marley. Pero, la monogamia es la norma en el mundo de las Murallas; no hay casos de parejas múltiples.

Por otro lado, hay relaciones sin contenido romántico, como el caso del embarazo de Historia, en el cual ella no tiene una pareja, al menos no revelada. Eren tiene un razonamiento parecido a Erwin: sabe que morirá pronto y desea que Mikasa no sufra, pues entiende que está enamorada de él. Este enamoramiento también está influenciado por el vínculo Ackermann, que implica una predisposición genética de Mikasa para proteger a Eren con su fuerza sobrehumana. Y Eren decide romper este vínculo, pero de igual forma, termina por lastimar a Mikasa (y a Armin, físicamente). El personaje quiso apartar a Mikasa de su vida de una forma radical, mintiendo, pues el motivo principal era terminar rápidamente con este vínculo emocional, para que ella pueda seguir con su vida, y eventualmente, amar.


EBcFkVTUEAAd5Aq¿Eren es liberal? En una primera mirada, parece que la libertad es el motor principal de la historia en Shingeki. El titán de ataque presenta un impulso irresistible hacia la libertad. ¿Que era la libertad para Eren? Cuando era niño, era tan solo salir de los Muros y explorar la complejidad del mundo que lo rodeaba. Tenemos derecho a ello en base a que nacimos en este mundo, somos legítimos, la persona puede gozar de ello. Sin embargo, esta primera noción de libertad se quiebra con el hecho de que hay humanos más allá de Paradis. El mundo no consiste en parajes bellos, sino en una humanidad hostil contra los eldianos. En el mar, Eren entiende que la libertad solo podrá darse con la destrucción del enemigo, del otro. Una vez que las amenazas terminen, la humanidad dentro de los muros podrá ser verdaderamente libre.

En ese sentido, observamos un envejecimiento en las ideas del protagonista, pues pasamos de una defensa exacerbada de la libertad hacia un pragmatismo duro. Eren, si bien sopesa y sufre por las muertes de civiles que él mismo ha provocado, entiende que son daños colaterales en base a un fin mayor, el bienestar de Paradis. ¿Pasamos de un Shingeki utopista a un Shingeki de la razón de Estado? Los personajes en su infancia son ingenuos, moralistas y con ansias de libertad, de exonerarse de las durezas del mundo. Con derrotar a los titanes, la misión está completa. Sin embargo, a partir de la temporada 4, nos encontramos con personajes taciturnos, maduros y que realizan acciones inauditas para sus años pasados. El diplomático Armin ahora es capaz de destruir ciudades enteras. El gentil Eren siendo violento con Hange y Mikasa, y trabando una amistad con Floch. Sin embargo, vemos chispazos de esta inocencia perdida, como Jean fallando el tiro contra la población civil marleyana, o Mikasa y Armin no queriendo matar a Gabi tras los sucesos en el restaurante de Niccolo. La razón de Estado es que la comunidad política sea defendida siempre, ya sea con ignominia o con gloria, de acuerdo a Nicolás Maquiavelo. Eldia y Marley son Estados, y sus líderes no dudan en usar una inenarrable violencia para mantener su supervivencia, siendo una conducta repetitiva a lo largo de su historia.


¿Paradis es el Perú? Durante la colonización española, tuvieron que erigir muros alrededor de Lima para protegerla de las rebeliones indígenas y de los piratas protestantes. Ahora, tenemos el muro entre Surco y Villa María del Triunfo. Y los cercos alrededor de los espacios públicos. Y propuestas políticas para construir un muro para salvaguardar San Isidro, nuestro Muro Sina, de la “barbarie” de vez en cuando.  ¿Quién es nuestro Marley? ¿Chile, por razones históricas? ¿La COVID, quien nos ha humillado y recordado que vivimos como vacas, encerrados en cuatro paredes? ¿China, Estados Unidos o la vieja España, las potencias extranjeras que influyeron e influyen en este país? ¿Peruanos y venezolanos estamos condenados a repetir la historia de odio y violencia que dio lugar al mundo en Shingeki?

Reiner recuerda un poco a un personaje arguediano y vallejiano: mestizo entre dos esferas marcadamente diferentes, con padre/madrastra que no lo valora, en un mundo hostil, violento y humillante, una niñez de vulnerabilidades y con elementos de la enfermedad mental. El suicidio también es un elemento recurrente en Reiner. Finalmente, una vez, Chabuca Granda comentó que ser peruano es un sufrimiento, como una enfermedad crónica, porque en el país impera el “comeos los unos a los otros”. Más allá de esta involuntaria referencia a los titanes, podemos vincularlo con una frase dicha por Mikasa, en una situación dramática, en la cual estaban rodeados de enemigos: este es un mundo cruel, pero también es hermoso. El Perú es un lugar cruel, atormentado por los fantasmas de la corrupción, la mediocridad y la anomia, como la mayoría de países; pero, hermoso a su manera.

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